La Iglesia en tiempos de Coronavirus

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Sacerdotes, excluidos del Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio.

A los efectos de poder brindar asistencia espiritual a la población, los sacerdotes y ministros de los diferentes cultos se suman al listado de personas exceptuadas de cumplir el Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio, en vigencia desde el viernes 20 de marzo.

Así lo informa el artículo 2 del Boletín Oficial publicado el mismo viernes, que además determina que los templos deben “ajustarse en su funcionamiento a lo estipulado en el primer párrafo del artículo 5° del Decreto N° 297/20”.

El decreto de Aislamiento Social Preventivo y Obligatorio fue anunciado por el presidente Alberto Fernández en la noche del jueves, entró en vigencia a la hora cero del viernes y rige hasta el 31 de marzo.

Entre los servicios y actividades exceptuadas se encuentran: Salud, Seguridad, Defensa, Migraciones, Bomberos, autoridades superiores del Estado, Justicia (mínimo) y los diplomáticos; personas que asistan a otras personas, ya sea en comedores escolares, comunitarios y merenderos; quienes se desempeñan en los servicios de comunicación; industrias, alimentación, limpieza, medicamentos, producción agropecuaria, lavandería, petróleo y obra pública; transporte público urbano, con las excepciones de larga distancia y cabotaje; recolección de residuos y servicios públicos básicos; transporte de carga, estaciones de servicios, servicios postales y cajeros automáticos.

Para el resto de las personas, sólo está permitido el desplazamiento “mínimo e indispensable” para aprovisionarse de artículos de limpieza, medicamentos y alimentos.

Misas y contenidos on line para quedarse en las casas

En un comunicado que emitió la Conferencia Episcopal Argentina el jueves 19 de marzo, los obispos definieron la crisis como “una oportunidad para crecer como personas y como sociedad”, y animaron a que el distanciamiento social esté acompañado de una “cercanía espiritual de modo que, aunque físicamente aislados, nadie se sienta solo”.

Por eso, convocaron a ser creativos: “El uso de las redes sociales puede ayudarnos aportando nuestra creatividad para comunicarnos y sostenernos en la esperanza, generando nuevos modos de ayuda mutua y de compañía”.

En esta situación, muchas familias católicas buscan recrear los espacios de oración en sus casas, preparando altares caseros para vivir la celebración de la misa, momentos de adoración eucarística e, incluso, el rezo del rosario. Con una imagen, una estampa, una vela y la Biblia, los hogares se convierten en “iglesias domésticas”.

Para asistir a misa desde casa, buscá en las redes sociales de tu parroquia, comunidad, movimiento o diócesis los horarios de transmisión en vivo. Recordá que las transmisiones quedan guardadas por 24 horas para verlas en otro momento del día.

El sitio Recursos espirituales online, reúne diversas propuestas de misas, rosarios, adoraciones, víacrucis y recursos espirituales para transitar los días de cuarentena.

Monjas dejaron sus tareas y confeccionan barbijos

Las hermanas carmelitas descalzas de Fuente de Cantos (Badajoz, España) se dedican habitualmente al bordado de ropa de bebés y ornamentos litúrgicos, además de a la oración y a la vida en comunidad. Sin embargo, vista la grave situación que atraviesa España a causa de la pandemia del coronavirus, estas religiosas de clausura decidieron paralizar todos sus trabajos de costura para ponerse a fabricar a mano los tan necesarios barbijos.

“Estábamos preocupadas por la gente al saber que no se vendían en ninguna parte del pueblo”, explicó la hermana Rosario en conversación con Alfa y Omega. “Nosotras sí teníamos dos o tres mascarillas, pero se las habíamos dado al sacerdote al saber que tenía que ir al cementerio a rezar un responso. Por la noche, pensamos que sería bueno, ante la escasez de mascarillas, intentar fabricar algunas con la tela que teníamos para el bordado”, dijo la religiosa”.

El resultado del primer barbijo que hicieron no fue el esperado y le pidieron uno a la enfermera del pueblo para poder reproducirlo.

“Nos mandó uno, lo pudimos copiar y al día siguiente, cuando vino la enfermera, se lo regalamos”, contó la hermana Rosario.

La mascarilla terminó llegando a la alcaldesa, que por la noche llamó al monasterio para «darnos las gracias y pedirnos si podíamos hacer más para el pueblo, porque en el centro de mayores necesitaban muchas», explicó la carmelita.

Después de paralizar toda la producción de costura y de desinfectar los útiles de trabajo, las cinco monjas de la comunidad –en realidad son nueve religiosas, pero hay cuatro que no están en condiciones de hacer este trabajo– se pusieron manos a la obra el 19 de marzo y ya elaboraron más de 500 mascarillas. “Queríamos ayudar con lo poquito que teníamos”, expresó.

La idea fue tan exitosa que trascendió los límites del pueblo «y nos pidieron las instrucciones para fabricar barbijos otros conventos, parroquias y también enfermeras y médicos».

Pero más allá de colaborar haciendo mascarillas, «sobre todo estamos rezando por la situación. Es nuestra principal tarea. Sentimos mucho la muerte de la gente. Nosotras somos monjas de clausura, hemos optado por esta vida, pero hay mucha gente que está viviendo en un aislamiento forzado y me imagino lo que estarán pasando. También rezamos por ellos, y porque el Señor nos dé esperanza a todos. Como se dice, entre todos vamos a vencerlo», concluyó la hermana Rosario.

Fuente: Aica