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Secretos de un Malvinero precursor

 
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Autor Mensaje
Gabriel



Registrado: 08 Jun 2010
Mensajes: 22

MensajePublicado: Mar Abr 03, 2012 2:05 pm    Asunto: Secretos de un Malvinero precursor Responder citando

http://tiempo.infonews.com/2012/04/01/argentina-71935-los-secretos-de-un-hombre-apasionado-por-las-malvinas.php



Los secretos de un hombre apasionado por las Malvinas
El abogado y docente Juan Carlos Moreno visitó el archipiélago entre 1937 y 1970. Su intercambio con los isleños, impresiones y textos hasta ahora ocultos en una caja olvidada vuelven a ver la luz y revelan una intensa actualidad.





Por:
Tiempo Argentino



Por más de 30 años, una caja olvidada guardó las secretas negociaciones, sondeos de opinión y evaluaciones sobre la realidad de las Islas Malvinas entre 1937 y 1970. Su contenido revela el compromiso anónimo de Juan Carlos Moreno, un abogado y docente que integró la Junta por la Recuperación de Malvinas en 1939 y realizó luego aportes clave a la Cancillería Argentina durante el gobierno de Juan Domingo Perón. Tiempo Argentino tuvo acceso a la documentación,hasta ahora desconocida, de apuntes y fotografías inéditas –actualmente conservados por el Museo Clarisse Coulombie de Goyaud, de Ituzaingó, después de ser descubiertos, casi por casualidad, en la casa del letrado en ese partido bonaerense– que revelan la contribución para la recuperación de las islas a través del diálogo con los habitantes del archipiélago.
Impulsor de una táctica muy poco convencional y laboriosa, Moreno desdeñó el uso de las armas para resolver el conflicto. También prescindió de recursos como el osito Winny Pooh, elegido años después por el canciller menemista Guido Di Tella con la peregrina idea de seducir a los kelpers.
Moreno llevó adelante una pacífica empresa –aunque persistente y tenaz– que incluyó dos viajes a las islas. El primero en 1937, cuando confeccionó un exhaustivo relevamiento económico, político y poblacional. De regreso en Buenos Aires, cultivó el intercambio epistolar con los isleños durante 33 años, hasta concretar su segundo viaje en 1970. Minucioso y aplicado, allanó las dificultades con gestión y empeño: reclamó al Correo Argentino por las dificultades del tráfico postal entre el continente y las islas. También, realizó requisitorias al Consulado argentino en Uruguay para eximir a los malvinenses del pago de la tasa aplicada a extranjeros, al ingresar a territorio nacional. Asimismo, su osadía lo llevó a participar de los encuentros informales tendidos por el Foreign Office a fin de realizar la transferencia del archipiélago al gobierno argentino.
Es imposible evitar el panegírico de este venezolano que a temprana edad eligió la ciudadanía argentina y sostuvo una amigable pero férrea defensa de la soberanía argentina, ante embajadores y cónsules británicos, funcionarios isleños, representantes de la Falkland Islands Co. y kelpers. Llevado por un deseo casi pasional, emprendió su primer viaje. Embarcó en Montevideo. A bordo del vapor Lafonia, viajó cuatro días y medio para conocer in situ la situación de Malvinas y el sentimiento de sus pobladores. Hospedado en una hostería de Stanley por cerca de dos meses, hizo un detalle pormenorizado de las riquezas naturales, fauna y flora, industria, comercio y religión. “Hay tres templos: el anglicano, una hermosa construcción de piedras sobre la bahía, el evangelista y el católico. Aproximadamente hay 1400 anglicanos, 400 evangelistas y 300 católicos”, describió en sus documentos. También detalló la vida social en las islas: “La señora de Hooley prefería la administración argentina a la británica. Había estado en Buenos Aires y le había encantado la calle Florida y las vidrieras elegantes.” Y precisó las costumbres isleñas al señalar, por ejemplo, que “Clifton, el lechero, tiene 30 vacas, y provee de leche a los habitantes en botellas de whisky”. Sobre la organización social subrayó que “hay un 25% de ingleses en las islas, pero son como aves de paso. Una vez que terminan sus contratos con el gobierno o los establecimientos, regresan a sus pueblos”. Y agrega: “Muchos temían dar su opinión respecto de los reclamos argentinos, por temor de represalias; como ocurrió con Biggs, consejero, quien un día, irritado por ciertas injusticias, declaró que prefería que las Malvinas dependiesen del gobierno argentino. Su coraje le valió la destitución del cargo.”
De los apuntes y análisis surgió su primer libro: Nuestras Malvinas, publicado en octubre de 1938. Los contenidos tienen una vigencia inapelable, pese a que Moreno falleció en 1988. “En la Argentina y en el Uruguay existe un criterio equivocado acerca de las Malvinas y su condición de vida. Las Malvinas no son tan tristes ni tan pobres. Stanley es alegre con sus casas pintadas de blanco y rojo, inclinado sobre una bahía casi cerrada, de aguas tranquilas y azules como un lago. Llama poderosamente la atención la higiene y las modernas comodidades con que cuenta: buena edificación, calles modernas pavimentadas, luz eléctrica, teléfono, obras de salubridad. La más modesta casa es confortante. El hospital es un espejo limpio y amable como un hogar, tan bueno como el de los principales centros urbanos. La administración pública es excelente. No hay delincuencia, ni lucha de clases, ni miseria… Los malvineros son sencillos y amables. Todos se saludan familiarmente en las calles”, escribió.
Moreno transmitió una vocación similar en la escuela Reconquista del barrio de Villa Urquiza, en la Ciudad de Buenos Aires. Allí trabajó hasta junio de 1955, cuando fue apartado de sus funciones y perseguido. Tal vez, por haber participado, en 1939, de la creación de la Junta por la Recuperación de Malvinas y editado –junto a otro de sus miembros, el poeta Carlos Obligado– la Marcha de Malvinas. O, a causa de la carta laudatoria al gobierno nacional, entregada el 6 de marzo de 1948 al canciller Juan Atilio Bramuglia, durante la presidencia de Juan Domingo Perón, por la claridad y vigor en la respuesta dada los ingleses.
A pesar de las condiciones imperantes, su firmeza y convicción lo llevaron a representar a Reinaldo Ernesto Reid en la inscripción de su hijo ante el Registro Civil de Argentina: folio 59, tomo 1ª J, número 117. Juan Alejandro Reid fue el primer bebé argentino nacido en las Malvinas, después de la ocupación británica. Copias de su partida de nacimiento argentina y documento forman parte de los ‘tesoros’ descubiertos en Ituzaingó y que hoy conserva el Museo Clarisse Coulombie de Goyaud.
Al momento de asentar la partida de nacimiento, entre los considerandos, la jefa del Departamento de Inscripciones señala la especial modalidad del caso Reid: “1) que el menor cuya inscripción se solicita nació en las Islas Malvinas, que son territorio argentino, no obstante la ocupación británica, 2) que dicha ocupación origina, de hecho, un impedimento para el ejercicio pleno de la jurisdicción argentina; que se traduce en la inexistencia de Oficina de Registro en el lugar y en la imposibilidad de labrar el nacimiento ante ella”. Así también, justifica su pertinente intervención “7) …en resguardo de la integridad del territorio argentino y los derechos de sus ciudadanos; cuyos nacimientos en las Islas Malvinas quedarían al margen de toda posibilidad de inscripción.”
Sin pirotecnia verbal ni de la otra, Moreno consiguió plantar una bandera de soberanía en las islas. Su táctica de combate incluyó generar discusiones cordiales en las reuniones y practicar una confrontación cuyos únicos proyectiles fueron la argumentación tesonera. Pasó por alto burlas y provocaciones vanas. Llegaron a publicar una nota suya en la portada del periódico local: The Penguin. La vehemencia y valentía desplegada le valieron el respeto de los kelpers, “algunas personas, a quienes sólo conocía de vista, me saludaron con simpatía. La señora Mac Claudy, la dueña de la casa donde tenía mi nuevo alojamiento, me dijo que a ella le había gustado mi artículo; al igual que a sus vecinas. Me agasajó con una afabilidad que me confundía. Ese día preparó los mejores postres y por primera vez comí pepinos durante el almuerzo, verdadero plato de lujo en las Malvinas, donde sólo contadísimas casas lo cultivan. Me obsequió, además, con dos huevos de pingüino y un frasco de caracolillos.”
Previo a su segundo viaje, en un escrito prolijamente mecanografiado, que también integra la caja con documentación hallada en Ituzaingó, hace referencia a una decisión política del Reino Unido, en noviembre de 1968. “Produjo expectativa en la Argentina y revuelo en el Parlamento británico. Por primera vez se preparaba abiertamente el terreno ante los isleños para la transferencia política del archipiélago a sus verdaderos dueños. Lord Chalfont dialogó con británicos y malvinenses. Les dijo que la situación económica de las islas era precaria y podía empeorar; que en la Argentina vivían 20 mil ingleses en paz y prosperidad y que debían prepararse para un traspaso. Más, que tal cosa no ocurriría sin el consentimiento de los pobladores”, describió. La foto de aquella reunión también forma parte de los documentos a los que tuvo acceso Tiempo. Para Moreno aquel “ablandamiento” del Foreign Office, fue el corolario de las “adelantadas negociaciones diplomáticas entre el embajador argentino, brigadier Eduardo Mac Louglin y la cancillería británica”. Pero, a su juicio la gran contribución fue dada por el debate de las Naciones Unidas, iniciado en 1964, que contribuyó a fijar ante los signatarios de todo el mundo la justicia de la demanda argentina.
Motivado por el avance de las negociaciones, encaró un nuevo viaje a Malvinas. En febrero de 1970, con su esposa maestra, abordaron el Darwin en Montevideo. Visitaron Fox Bay y Port Howard en la Malvina Occidental, y San Carlos, San Salvador, Teal Inlet, Rincón Grande y Port Louis (Soledad) en la Malvina Oriental. Curiosamente, durante esa travesía turística, en tres oportunidades se encontraron con el embajador británico en Buenos Aires. Michael Haddow coincidió con ellos en casa de la familia Pole-Evans y dijo que se encontraba de vacaciones. Pensaba pescar truchas, visitar la colonia de pingüinos y la reserva de elefantes marinos. De regreso a Stanley, asistieron a un cóctel ofrecido por el secretario colonial, John Jones, en el Sullivan House. Compartieron un debate cordial con el gobernador inglés, Cosmo Haskard, el tesorero Gleadell y el jefe de los sindicatos Goss; además, los Burton y los Luxton; y, nuevamente el embajador Haddow. “Hemos auscultado el pensamiento de los habitantes y observado esta inclinación creciente hacia la apertura de comunicaciones y el trato recíproco… El problema serio no es ahora el reconocimiento de nuestros derechos, que se halla implícito, sino la forma de realizar el traspaso de las islas a la Argentina”, observó. A consecuencia, listó ocho propuestas para acercar las islas al continente. Según sus apuntes, quedaron tan conformes que el embajador propuso la creación de un puerto artificial en la Patagonia (Santa Cruz, preferentemente) para el tráfico de pasajeros, ganado y mercaderías. En ese paraje solitario, parecen haber negociado mucho más. “Booth propuso la realización de una pista de aterrizaje en Stanley. El embajador Haddow expresó que un intercambio pacífico y progresivo de diez o quince años sería suficiente. Yo le dije que ese término era demasiado largo. Luego de reflexionar convino conmigo en que con dos o tres años de comunicaciones, de aprendizaje del castellano por los niños, de conocimiento de nuestras costumbres, los malvinenses podrían asimilarse, y lograrse lo que se busca en menos de cinco años”, reseño.
En 1997, el ex canciller de la dictadura argentina Carlos Pastor reveló la existencia de un borrador del embajador William Harding. El manuscrito, en papel con sello de la Corona británica, dice: “La soberanía titular de las Islas Malvinas y la zona marítima, serán transferidos a Argentina, con efecto a partir de la firma del acuerdo.” La historia confirma los hechos narrados por Moreno. Su perseverancia lo llevó al centro de la escena política internacional, en un momento clave para el destino de Malvinas. Un esfuerzo que hubiera merecido algo más que el atropello a la razón, urdido por veleidosos militares.<



Política, cargos y elogios



Profesor de la Escuela Reconquista del barrio porteño de Villa Urquiza y abogado, la militancia de Juan Carlos Moreno con la causa Malvinas lo llevó a crear, en 1939, la Junta por la Recuperación de Malvinas. Entre los miembros de ese espacio, estaba el poeta Carlos Obligado, con quien luego editaron la Marcha de Malvinas, con música de José Thieri.
El letrado cuyos documentos vieron la luz después de 40 años, dictó cursos, seminarios para reavivar los sentimientos pro Malvinas en la ciudadanía argentina.
También, junto a los integrantes de la Junta de Recuperación, creó filiales en todo el país. Gestionó ante el Ministerio de Educación nombrar Malvinas a colegios y escuelas. En 1948, la Junta presentó los estatutos de la asociación al canciller Juan Atilio Bramuglia, con una carta donde elogia la respuesta del gobierno de Juan Perón dada a los ingleses. A consecuencia de su adhesión desembozada a la posición del gobierno peronista, perdió el cargo en el colegio y padeció persecución. En una carta fechada el 21 de junio de 1955,su compañero Antonio Durand se solidariza por la cruel medida; en momento en que el matrimonio esperaba un hijo.



Los isleños y el abandono británico de 1968



A finales de 1968 llegó a las Malvinas Lord Chalfont, con instrucciones del Foreign Office de preparar el ánimo de los isleños hacia la transferencia administrativa, invocando razones sociales y económicas. El déficit de la balanza comercial de las islas se había agudizado, a causa de la caída de capturas de ballenas y el precio internacional de la lana. El “ablandamiento” tuvo la oposición de las Falklands Island Co, principal inversora en las islas. Los gestos de desazón y pesadumbre son evidentes en la fotografía, que muestra a los kelpers apenados al recibir la noticia del abandono de la Corona Británica.
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