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Fuente: Nuestro Mar 15/11/07

 

Todos a la Antártida: España también reabrirá bases científicas  

Un grupo del CSIC se instala en la bahía Livingston para acondicionar la base.

MADRID.- Una avanzadilla de doce personas tiene previsto llegar hoy a la Isla de Livingston con la misión de reabrir la Base Antártica Española (BAE) Juan Carlos I y el campamento de Byers, vitales para la campaña científica 2007-2008 que arranca a finales de noviembre.

Con el biólogo Daniel Alcoverro, de la Unidad de Tecnología Marina del Centro Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), a la cabeza, en calidad de jefe de la BAE Juan Carlos I, el equipo tiene apenas nueve días para ponerlo todo a punto.

A partir del próximo día 22 está programado el inicio de los proyectos, que en esta campaña ascienden a veintiuno, de los cuales diecisiete se llevarán a cabo en instalaciones españolas y los cuatro restantes en bases de Argentina, Chile y Reino Unido.

Una cuenta atrás que comienza con la llegada -si las condiciones meteorológicas no retrasan la travesía- a la Bahía Sur de Livingston del Buque de Investigación Oceanográfica (BIO) "Las Palmas", con el equipo técnico y unas 25 toneladas de material. Tras la experiencia de la anterior campaña, "bastante difícil logísticamente", este año se van a introducir una serie de mejoras para que la BAE Juan Carlos I sea "más potente", dijo Alcoverro a Efe en conversación telefónica desde el buque "Las Palmas" justo antes de zarpar del puerto de Ushuaia (Argentina), la ciudad más austral del planeta.

Se trata sobre todo de "mejorar el aspecto técnico de la base para dar el mejor servicio posible a los científicos", precisó Alcoverro, quien inicia este año su octava campaña antártica y la segunda como jefe de la BAE Juan Carlos I.

Así, entre otras mejoras financiadas por el Ministerio de Educación y Ciencia, se va a instalar un sistema de seguimiento en los vehículos y de radio-balizas para las embarcaciones neumáticas con el fin de prevenir emergencias. Especialista en oceanografía aplicada, Alcoverro, de 37 años, cuya mayor aportación es "la experiencia de conocer el sitio y la gente", destaca también la adquisición de un nuevo vehículo oruga con grúa y, desde el punto de vista medioambiental, la instalación de un precinto en el sistema de evacuación de aguas grises.

La preocupación medioambiental está muy presente en las campañas antárticas españolas y no sólo en los proyectos científicos, pues cada uno de ellos tiene que superar una evaluación de impacto ambiental, sino también en las instalaciones, en las que se incluye además la BAE Gabriel de Castilla, gestionada por el Ejército, en la Isla Decepción, a unos 20 kilómetros al sur de Livingston.

"Nada se tira", asegura Alcoverro. Hay fases de gestión de residuos: la basura orgánica se quema in situ en un incinerador de doble cámara y el resto de residuos se compactan separados por categorías de cristales, latas y plásticos y se llevan a Argentina (Ushuaia) o a Chile (Punta Arenas) por vía marítima. No menos escrupulosos son con el entorno que rodea a la BAE Juan Carlos I, que se encuentra en una pequeña cala muy protegida dominada por el Monte Sofía, donde han acotado un perímetro para sus movimientos con el fin de proteger al máximo la zona, muy rica en líquenes y musgos de hasta cuatrocientos años de antigüedad.

Se trata de un perímetro, que no es circular y que marca la zona de máxima actividad, en el que se encuentran las áreas de habitabilidad, servicios, laboratorios y el módulo de náutica. Son "una serie de caminitos marcados por el uso para evitar al máximo impactar donde no es necesario" y que volverán a surcar desde ahora Alcoverro y los otros once técnicos encargados de trasladar todo el material a la base y al campamento de Byers desde la playa, la cual deberán acondicionar antes de la descarga.

Dar habitabilidad a la base, acondicionar la cocina, buscar agua, poner en marcha la energía, los vehículos y el sistema de depuración son sólo algunas de las muchas tareas que esperan al equipo formado por expertos en electrónica, infraestructuras, medioambiente y mecánica, así como guías de montaña, un médico, un cocinero y un patrón de náutica. A partir del día 22 está previsto que lleguen los científicos y entonces la base será un hervidero del que habrá que alejarse si se quiere disfrutar un poco del gran patrimonio del continente blanco: su belleza inmaculada y su "impresionante" silencio.

La Antártida, describe Alcoverro, "no se parece a nada" y "engancha". En el verano austral -como ahora- la luz es "más viva", el tiempo cambia mucho, las nubes van muy bajas y da la impresión de que "el cielo te está tocando la cabeza". Pero cuando se va allí "hay que saber dónde se está: se va a trabajar al servicio de la ciencia", afirma.

Cuatro meses de trabajo muy intenso, pero en Navidades y Año Nuevo siempre hay un hueco para los festejos tradicionalmente compartidos con los colegas de las base búlgara de San Clemente de Ohrid, situada en la cala adyacente y a sólo 15 minutos en zodiac.

 

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