11 abril 2026
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Durante los ataques nocturnos y ante la oscuridad total del aeropuerto los integrantes de sanidad se dirigían al lugar de los heridos… testimonio del desempeño de Sanidad en Malvinas 1982…

Por Fernando Espiniella, Comodoro Médico VGM (R), Ex-Jefe de la Sanidad de la FAA en las Islas Malvinas.

El puesto de socorro (PUSO) es el lugar adecuado para que un equipo médico dé respuesta rápida para asistir a las bajas que se producen en una situación de desastre como es la guerra.
Recibe también otros nombres como Puesto de Primeros Auxilios, Primera Estación Sanitaria, Puesto de Pronto Socorro, Primer Escalón Sanitario y otras denominaciones.

Su instalación es muy variable; puede ser en un local de cualquier tipo o bien se levanta una carpa al efecto. Debe estar ubicada cerca del lugar del desastre o la emergencia médica para su mayor rapidez y efectividad en el tratamiento de las bajas. Es conveniente que también se encuentre protegido por algún accidente geográfico o bien una arboleda espesa para pasar disimulado ante los ataques enemigos y así proteger a los heridos durante su permanencia en ese lugar.

En las Islas Malvinas ya hicimos referencia que nada de protección debíamos esperar del terreno; ya comentamos que los árboles eran partidos por el viento y no había otras plantaciones más o menos altas. Debimos improvisar en el terreno.

El PUSO constituye el primer paso en la cadena de clasificación, tratamiento y evacuación de los heridos y su posterior envío por cualquier medio hacia un centro asistencial de mayor complejidad; es el lugar inicial y principal del triage.
El triage es un procedimiento dinámico en el que se otorga la prioridad de clasificación (diagnóstico) y prioridad de tratamiento y evacuación de heridos basado en la severidad de sus lesiones y sus posibilidades de supervivencia.
Es importante que el personal esté entrenado en emergencias y primeros auxilios y en esas condiciones establecer el diagnóstico y tratamiento más adecuado para el herido.
Su misión fundamental es:

«SALVAR LA VIDA»

Y bajo este concepto no admite titubeos.
Para cumplir con los objetivos del triaje los heridos se señalan con una tarjeta o un marcador de colores según normas internacionales; en la tarjeta se incluye el diagnóstico y el tratamiento inicial efectuados antes de su evacuación, por ejemplo: “Fractura expuesta de pierna. Inmovilización. Solución fisiológica y 1 morfina”.
La tarjeta roja “indica evacuación inmediata” (dentro de una hora de la lesión; luego de ese tiempo aumentan las complicaciones y/o disminuyen las probabilidades de supervivencia; p.e.: hemorragias internas o externas, paro cardiorrespiratorio, neumotórax, fracturas expuestas).

Grupo de Sanidad de la FAA que arribó a Puerto Argentino el 11-IV-82. Parados: My. R. Stvrtecky, !er. Ten. A Fernández, My. J. Martin (+), 1er. Ten. F. M. Abos. Agachados S. Aux. C. Ortiz (+), C. P. M. Lucarelli, My. F. Espiniella

La amarilla “señala que el traslado puede ser demorado” (el paciente está compensado con el tratamiento y no tiene peligro de empeorar su estado; p.e.: fracturas cerradas, quemaduras poco extensas, heridas sin compromiso hemodinámico).
Cuando es verde “la evacuación puede ser demorada (lesiones que no comprometen la vida en forma inmediata; p.e.: heridas y quemaduras superficiales, esguinces y luxaciones cerradas).
La tarjeta blanca “clasifica traslado tardío” (lesiones superficiales o pequeñas que en general permiten deambular al herido; p.e.: fracturas cerradas de huesos pequeños, contusiones sin evidencias de lesión corporal importante).
Cuando se coloca la tarjeta negra “es ultima prioridad” (se trata de los fallecidos que deben ser aislados de los heridos para no influir negativamente en el ánimo de los sobrevivientes y serán trasladados tiempo después de la evacuación de los heridos).
Los PUSO de las Bases Aéreas Malvinas y Cóndor fueron los únicos servicios sanitarios de esos lugares que brindaron asistencia médica de urgencia a los efectivos de todas las fuerzas argentinas desplegadas allí.

EL PUSO DE PUERTO ARGENTINO

Se instaló a 200 ms. de la pista y a 150 ms.de la torre de vuelo, al lado de la parte más elevada de una loma que se extendía unos 300 ms. hasta la orilla del mar y que cubriría en casi su totalidad a la carpa sanitaria del fuego de la artillería naval y el resto de sus caras se cubrieron con bolsas de arena, dejando libre todo el panel de entrada.Si el fuego era aéreo (bombas, misiles, ametralladoras del avión) la exposición era total y sólo la ayuda divina podría evitar lesiones, destrucción y pérdidas humanas.
El color verde de la carpa se mimetizaba con el suelo.
El Grupo Construcciones de la FAA con una retroexcavadora ayudó a nivelar una pared al transformarla en vertical.
El suelo comenzó a filtrar agua que hizo necesario colocar tablones de madera y por encima una lona de plástico que permitió aislar el piso del agua.
Solo el vértice de la carpa quedaba expuesta a los proyectiles navales (unos 2,20 ms. del suelo). Con palas se hicieron trayectos (canaletas) para que las filtraciones de agua por efecto de la gravedad se deslizara a otra parte del terreno.
Al lado de la misma se construyó un refugio con bolsas de arena como paredes y el techo se armó con paneles de aluminio que servían para alargar la pista de aterrizaje y al que se podía ingresar arrodillado y permanecer adentro sentado; tenía una capacidad para unas 12 a 15 personas.
Un impacto cercano o vertical hubiese terminado con esas instalaciones.
Levantar ambos puestos fue un arduo trabajo ante el viento de las islas que amenazaban con llevarse lejos la carpa con todo el material; las lonas de la carpa flameaban con el viento y sostenerlas y colocarlas demandó un importante esfuerzo.
El tiempo insumido en el armado fue de dos días. Luego se ultimaron detalles especialmente en el refugio.
Al mismo tiempo que se levantaba el PUSO el personal se entrenaba en primeros auxilios.
La adquisición e incremento de conocimientos y el entrenamiento continuo son necesarios para la obtención de buenos resultados; estos conceptos aplicados en esos pocos días de práctica sirvieron de mucho en la guerra para coordinar movimientos y actuar rápidamente en forma individual o en equipo.
Se realizaron guardias en el PUSO de 24 horas, para evitar o disminuir la fatiga de combate y los hechos así lo demostraron dado que las acciones bélicas en su mayor parte eran nocturnas y permitía hacer el reemplazo al mediodía.
Las guardias estaban formadas por dos médicos, tres enfermeros y cuatro camilleros que permanecían 24 hs. y luego se reemplazaban. Los cambios de guardia se hacían al mediodía pues en ese horario no había acciones bélicas.
A partir del 10 de junio no hubo reemplazos debido al ataque final de los británicos.
El personal que salía de la guardia retornaba al HMC y realizaba las tareas médicas con el resto de sus integrantes en caso de necesidad, de lo contrario tenían descanso.
Además de los botiquines los enfermeros portaban un “chaleco mochila” donde había dos frascos de suero, guías de perfusión, jeringas, morfina, vendas y gasa para aumentar el material médico disponible en la emergencia.
Los PUSO del aeropuerto y de Darwin estaban dotados de 30 camillas, caja de cirugía menor (para lesiones superficiales), caja de traqueotomía, respiradores Ambú, tubos de oxígeno, férulas de inmovilización de miembros (rígidas e inflables), gasas, vendas, algodón, soluciones parenterales, plasma liofilizado, analgésicos, morfina, antibióticos, corticoides y otros fármacos, todos elementos en exceso como para tratar más de 100 pacientes y siempre con la adecuación a su reposición en caso de necesidad.
La ambulancia por precaución se estacionaba a 50 ms. del PUSO por si acaso fuera alcanzada por algún proyectil su explosión y/o incendio pudiese herir al personal y dañar al material.
Durante los ataques nocturnos y ante la oscuridad total del aeropuerto los integrantes de sanidad se dirigían al lugar de los heridos ante los gritos de dolor o bien alertados por los compañeros; en otros casos éstos llevaban al caído a la carpa sanitaria.

Todo se efectuaba bajo la luz de linternas. La obscuridad, el terreno fangoso, el viento implacable y a veces la lluvia se asociaban para castigar al personal sanitario en su intento de encontrar las bajas. Al localizar al herido en el suelo había que arrodillarse para constatar las lesiones y en esta forma las rodillas se hundían en la turba húmeda y fría de la noche malvinense y de esta forma las ropas se impregnaban no sólo con la turba, sino también con la sangre bendita de los heridos, que como todos ofrecían su vida para defender la Soberanía Nacional; de este modo se iniciaba el tratamiento y en forma ordenada se los colocaba en la camilla tomando por resguardo el tipo de herida y luego se lo trasladaba al PUSO. Como era muy difícil lavar la sangre, pues el equipo de combate era uno sólo cuando regresamos al continente después de nuestro cautiverio como prisioneros de guerra en el aeropuerto, las manchas de sangre y de la turba fueron el recuerdo cuando volvimos al continente, en nuestros sucios y malolientes uniformes de campaña.
Dentro de la carpa un pequeño grupo electrógeno permitía el encendido de dos lámparas de 25 watts. Una estufa a combustible JP1 (el de los aviones) proveía de calor y era encendida por las noches.
Se trabajaba con la angustia propia que puede provocar saberse bajo un intenso cañoneo naval con impactos que caían cercanos al PUSO al que en cualquier momento podían volar.
Los heridos una vez compensados y pasada la alerta roja eran derivados en una ambulancia al HMC.
Luego del 1º de mayo la efectividad de la artillería antiaérea del aeropuerto hizo que los Sea-Harrier volaran a gran altura fuera de su alcance por lo cual lanzaban bombas desde muy alto, sin precisión y que caía muy lejos de sus objetivos.
El aeropuerto recibió el impacto de 207 bombas de 500 y 1000 libras y unos 1.200 proyectiles de la artillería naval británica durante todo el conflicto.
Las bajas fueron de tres muertos (un oficial y dos soldados).
Cuando se producían los ataques diurnos y nocturnos los efectivos militares tomaban todas las precauciones y se ponían a buen resguardo de los ataques.
Cuando se hacían las evacuaciones aéreas sanitarias nocturnas en los C-130 la orden era no molestar bajo ningún punto de vista a quienes estaban de guardia en el PUSO.
La actuación médica en el aeropuerto fue altamente efectiva.

EL PUSO EN GOOSE-GREEN

La creación de la Base Aérea Cóndor provocó la necesidad de organizar un puesto sanitario para una atención médica de urgencia en caso de ataques enemigos a la misma.
En esa base se distribuyeron los escuadrones de helicópteros y de aviones Pucará de la FAA. Darwin y Goose-Green constituían la segunda población del archipiélago malvinense con unos 120 habitantes.
Las únicas vías de comunicación con Puerto Argentino era la vía aérea con aviones privados (taxis aéreos) como transporte, siempre que el estado del tiempo lo permitiera, o bien por vía marítima con alguna pequeña embarcación que se encontrara disponible.
Los casos médicos se resolvían a través del “sick-call” (comunicación telefónica al hospital civil con un médico o enfermera) en todo el archipiélago. Esto evidenciaba el poco interés británico por la salud de los “kelpers”, ya que en estas zonas no había ni médico ni establecimiento sanitario alguno, ni siquiera «curandero».
La pista para ser utilizada por los Pucará era una franja de terreno de unos 600 a 700 ms. con una depresión en su parte media; era totalmente de tierra.
A fines de abril se agregó a esa unidad aérea efectivos de RI 12 del EA, sin ningún tipo de equipamiento médico.
Un edificio de madera de dos plantas (era una escuela) sirvió para establecer el comando de la base y en la planta baja se organizó el PUSO aeronáutico, única posición sanitaria durante el conflicto bélico.
De los tres médicos en el aeropuerto se envió uno como apoyo sanitario quien llevó botiquines, camillas, soluciones electrolíticas, material de curaciones, antibióticos y otros medicamentos. Era muy poco pero en ese momento de pobreza en el aeropuerto repartimos un poco del escaso material. Afortunadamente al otro día llegaron refuerzos para esa base desde la Escuela de Aviación Militar: un médico, dos enfermeros y dos camilleros con algunos materiales para lesiones leves; muy poco para la guerra que se avecinaba.
Como ya se ha dicho anteriormente, el Mayor Espiniella visitó esa base el día 18 de abril adecuando e improvisando la organización sanitaria en caso de guerra.
En virtud de lo disponible sólo se podían realizar los tratamientos indispensables para salvar la vida y derivar al HMC de Puerto Argentino las bajas a través de los helicópteros.
Cuando se obtuvo del continente el material solicitado, se envió gran cantidad a ese PUSO de Goose-Green de manera de dotarlos con elementos más que suficientes para iniciar el triage.
El material enviado era el mismo en cantidad y calidad al que había dispuesto para el PUSO de Puerto Argentino que se estimaba superando las necesidades que tendrían; el tiempo y las acciones demostraron lo acertado de esa medida.
Luego del ataque del 1º de mayo se instaló un pequeño PUSO a 100 ms. de la pista y a unos 600 ms. del local principal de sanidad en la escuela mencionada, donde se completaba el tratamiento de los heridos.
Se organizaron guardias de un médico, un enfermero y un camillero de 24 x 24 horas.
El personal de la FAA en esta base fue de unos 200 efectivos a los que se sumaron unos 700 hombres del R12.
El ataque del 1º de mayo sorprendió a la guardia médica pegada a la pista creando el caos de explosiones, gritos y corridas ocasionados por el ataque de los Sea-Harrier; no obstante la reacción médica fue de inmediato y una vez administrado el primer auxilio para “salvar la vida” los heridos fueron embarcados en un helicóptero Chinook que los trasladó al helipuerto del HMC de Puerto Argentino.
Esa incursión aérea ocasionó ocho muertos y al arribar el helicóptero a Puerto Argentino habían fallecido a bordo otros dos integrantes de la FAA.
Desde ese día se perdió la comunicación telefónica con el HMC pues por precaución el jefe de la base hizo cortar las mismas porque los habitantes de ese lugar suministraban información a las tropas británicas y al mismo tiempo ordenó al personal médico que se hiciera cargo de la salud de esos pobladores levantándose una historia clínica de cada uno de ellos que durante el tiempo de guerra no necesitaron de asistencia sanitaria.
Al grupo sanitario se le proveyó de un vehículo Land-Rover requisado que se usó como ambulancia.
Los ataques aéreos se repitieron durante otros días del mes de mayo así como los cañoneos navales de la flota británica por la noche pero los refugios instalados fueron protección suficiente para evitar nuevas bajas.
El ataque final inglés el 29 de mayo a esta base provocó muertos y heridos, siendo estos últimos asistidos por médicos ingleses que requirieron la colaboración de nuestros médicos aeronáuticos.
Los heridos de ambas partes fueron trasladados en helicópteros británicos hacia el hospital de campaña británico en Ayax Bay para su tratamiento definitivo y posteriormente las bajas argentinas fueron traspasadas en alta mar (en la Red Cross Box, zona estipulada por la Cruz Roja Internacional donde no puede haber acciones bélicas) a los barcos hospitales “Bahía Paraíso” y “Almirante Irízar”.
Finalizadas las acciones los prisioneros fueron trasladados a un frigorífico abandonado en San Carlos en calidad de prisioneros de guerra.
Posteriormente fueron embarcados en el barco inglés “Norland” que los trasladó hasta Montevideo donde llegaron el 13 de junio y fueron luego embarcados en el buque argentino “Piloto Alsina” hasta el puerto de La Plata, punto final de la travesía.

El personal sanitario de la Base Aérea Cóndor fue el siguiente:

Primer Teniente Fernando Miranda Abos (médico)
Primer Teniente Carlos Beranek (médico)
Suboficial Auxiliar Carlos Perez (enfermero)
Cabo Principal Domingo Sosa
Soldado c/63 David Díaz (camillero)
Soldado c/63 Reinaldo Romacho (camillero)

La actuación de ambos PUSO de la FAA fue oportuna, adecuada y eficaz ante las demandas planteadas por la guerra desatada en las Islas Malvinas.
En el HMC también se adecuó una Sala de Recepción y Clasificación de Bajas que oficiaba como primer escalón de urgencia en la asistencia de los heridos de los efectivos desplazados en los alrededores de Puerto Argentino.
Los equipos sanitarios eran mixtos, cuatro en total, y conformados por médicos, enfermeros y camilleros de la FAA y el EA.
Fueron suficientes en personal y material para atender a los heridos desarrollando su accionar en situaciones precarias, especialmente en los ataques nocturnos en que debían socorrer a las bajas totalmente a oscuras y ayudados por solo la linterna que portaban.
A estos inconvenientes se sumaron las inclemencias del tiempo (fuertes vientos, lluvia, niebla) que no hicieron más que templar el espíritu profesional ante tantas adversidades.
Así los médicos dieron cumplimiento al juramento hipocrático en el desarrollo de su profesión y los enfermeros a las normas y ética de la enseñanza de Florence Nightingale en tan noble tarea.
Una mención especial a los camilleros de toda la sanidad de las islas: DESEMPEÑO EXCELENTE a pesar de su juventud y su carencia de conocimientos sanitarios que adquirieron sólo a su llegada a Malvinas. Ni la sangre, ni los heridos (aún muy graves) ni los muertos hicieron mella en su gran labor.
Un honor y un orgullo haberlos tenido bajo mi mando.