Islas Malvinas y Chagos: la hipocresía británica

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Por Patricio A. Mendiondo (nota original publicada el 09/03/2010)

Los argentinos conocemos el caso de Malvinas, ¿pero el de Chagos? De como Inglaterra mató y expulsó a sus habitantes de una isla en el Índico para hacer de ella una base militar. Todo en secreto bajo la firma de un «decreto real». Mentiras, engaños y la maniobra que permitió la impunidad finalizó bajo el sello de la Reina utilizando un recurso de la época medieval.

Para el Derecho Internacional, una buena defensa de la diplomacia argentina contra Gran Bretaña que alega la autodeterminación, sería alegar stoppel, basándose en el presente caso de las Islas Chagos. De esta forma, el débil argumento de la autodeterminación de los kelpers, quedaría refutado.

Autodeterminación para unos, muerte para otros

Un caso histórico reciente que pulveriza el falaz argumento británico respecto a Malvinas, fundado en un supuesto respeto al «derecho de los isleños a su autodeterminación», justificando así su desmesurado despliegue militar para garantizarlo. Situadas entre África y Asia las Islas Chagos pertenecían a la jurisdicción de Mauricio durante el dominio colonial inglés. Al obtener Mauricio «autonomía commonwealth» en 1971, la corona impuso la condición de no reclamar jamás estas islas del Índico.

Las Chagos, forman parte del Territorio Británico del Océano Índico (British Indian Ocean Territory), inicialmente alojaron una población nativa durante más de 150 años de unos 2.000 habitantes, hasta que el Reino Unido los expulsó en la década de 1960 para que los norteamericanos construyeran una base en la isla de Diego Garcia, la mayor de las islas Chagos.

Ilois: Un pueblo despojado

En las islas vivían desde el siglo XVIII comunidades provenientes de India y África, en Diego García, la isla principal, residían unas 2.000 personas, llamadas Ilois. En 1965 el gobierno británico de Wilson decidió expulsar en secreto a los habitantes de las islas Chagos. Un real decreto [carta patente], firmado por la reina de Inglaterra, permitió deportarlos sin conocimiento del parlamento británico y de las Naciones Unidas. Toda la población (2.000 personas) fue declarada “prescindible”; un paso esencial para conseguirlo, fue privarlos de suministros y alimentos básicos: nada de leche ni de sus derivados, tampoco aceite, sal, azúcar y ni siquiera medicamentos. Sacrificaron a todos sus perros y mascotas. El objetivo era aterrorizarlos para que se fueran.

«Lo que muestran los documentos no es sólo una sucesión de mentiras sino una despótica actitud de desprecio y brutalidad. En agosto de 1966 Sir Paul Gorwood escribió: “Debemos ser muy firmes en este asunto. El objetivo de la operación era hacernos con ciertas islas para que fueran nuestras. No habrá más población indígena que las gaviotas.”»

Destierro y muerte

Se les anunció que su tierra natal había sido vendida. Los embarcaron como a rebaños rumbo a Mauricio, y comenzaron las muertes de los Ilois víctimas de la pobreza y de la tristeza. Algunos exiliados de Chagos denunciaron a Gran Bretaña por haberles arrebatado su patria bajo el secreto, el engaño y la violación de la Carta de Naciones Unidas. Durante décadas, el Reino Unido mantuvo oficialmente la ficción de que las islas Chagos estaban deshabitadas cuando las colonizó. En 1973 Chagos quedó vacío.

La estrategia británica y el decreto medieval

El hallazgo de documentos secretos del Foreign Office prueban que los nativos Ilois fueron víctimas de una conspiración para crear una estratégica base militar entre Asia y África. En el año 2000, la Corte Suprema de Justicia de Gran Bretaña le dio la razón al pueblo de Chagos, el tribunal declaró ilegal la expulsión de los isleños. Pero el compromiso británico adquirido con los estadounidenses para la cesión de la base militar fue que el territorio estuviera “limpio y desinfectado”, según sus palabras. En consecuencia, el Foreign Office, anunció que el gobierno inglés no permitiría el regreso de los isleños. Tony Blair, ya sin excusas, recurrió a la aprobación de la reina, a través de un poder medieval que no necesita justificación, ni explicación, sólo la firma real [real decreto o carta patente]. Se valió del mismo recurso dictatorial que permitió en los años sesenta expulsar de su patria a los nativos de las islas Chagos, y ahora, para prohibirles que volvieran.

Aquí vemos como dos gobiernos supuestamente «civilizados» de Estados poderosos, miembros permanentes del Consejo de Seguridad de la ONU, justifican con mentiras sus acciones para erradicar la población nativa de una isla destinada a enclave militar (que sirvió de base militar para bombardear Irák y Afganistán).

Vaya coincidencia

El 20 de marzo de 1982, en medio de la crisis con el gobierno argentino por Malvinas, un grupo de funcionarios británicos viajó a Puerto Luis (Por Louis), capital de Mauricio. Allí les ofrecieron a los «habitantes sobrevivientes» de Chagos tres millones de libras esterlinas. Se negaron. Los británicos agregaron un millón más a la oferta, sumando tierras en Mauricio por un valor de un millón de libras. Se firmó entonces el acuerdo, cinco días antes de que Argentina recuperara las Islas Malvinas. El lector podrá comprender los motivos de la urgencia de la comitiva británica, como si Gran Bretaña ya supiera lo que pasaría en Malvinas. Y a esta altura vale preguntarse también:

¿Qué pasó con el derecho de autodeterminación de los Ilois, que tan bien argumentó Gran Bretaña en 1982 para ir a la guerra en defensa de los kelpers en Malvinas?

El 28 de marzo de 1982 se utilizó dinero de la Corona para callar las voces de los Ilois, expulsados de su propia tierra por Gran Bretaña. El mismo día, Gran Bretaña enviaba su flota de guerra para «defender los derechos de sus habitantes» en Malvinas. ¿Quién comprende?

Colaboración: Dr. Alberto De Vita

In Memorian: Pablo César Crocchi

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