23 julio 2024

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Por Fernando Espiniella (Médico VGM)
Mientras recordaba el traslado de los heridos a las ambulancias para su evacuación al continente, primero en la mayor parte del conflicto en los C-130 Hércules que lograban burlar el bloqueo aeronaval impuesto por los enemigos del Reino Unido de Gran Bretaña, me puse a pensar en la gran utilidad que nos brindaron las camillas JUSINFA de nuestra Fuerza Aérea Argentina (FAA).

Se trata de camillas que pueden doblarse en cuatro partes y así poder ser trasladadas por sólo una persona. En el momento de su uso se extienden y quedan dos parantes horizontales de cada lado con una lona de material plástico en el medio que hace de colchón para el herido y en el extremo de esos parantes tiene cuatro pequeñas patas para su apoyo.

El personal sanitario del Ejército Argentino (EA) había llevado del hospital Militar de Comodoro Rivadavia catres que eran camas para internación y que por su peso e incomodidad de traslado la hacían imposibles par el traslado de heridos y enfermos. Se parecían a los camastros que el Ejército del Libertador del General D. José de San Martín utilizaba en sus campañas libertadoras.

El Hospital Militar Conjunto de Puerto Argentino no tenía camas, de tal modo que estas camillas JUSINFA y los camastros era donde descansaban los enfermos y heridos. Los médicos y enfermeros atendíamos a los pacientes en cuclillas, de rodillas o sentados.

Cuando me avisaban de la llegada de “un amigo” o “una lata” desde el Comando de Puerto Argentino, les avisaba a todo el mundo que habría evacuación. Los aviones llegaban en difíciles condiciones guiado por el radar de la FAA de PA informándoles que la flota británica estaba lejos. El aterrizaje de los mismos era en condiciones muy precarias con la mitad de la pista destruIda, con unas pocas luces de pequeñas antorchas puestas a lo largo de la pista por el grupo GOE (Grupo de Operaciones Especiales de la FAA) y con luces de una linterna en la cabecera de pista. Muchas veces el viento malvinense desviaba a los aviones y éstos debían abortar la misión volviendo al continente.

Cuando aterrizaban iban hasta la cabecera de pista para iniciar el próximo despegue. Nosotros con la ambulancia lo seguíamos a unos 50 metros. El avión no paraba sus motores; se hacía la descarga de personal y materiales (de guerra, de requerimientos sanitarios y alimentos) y allÍ rápidamente cargábamos las camillas hasta el tope de la rampa del C-130 y la tripulación durante el despegue debía asegurar las camillas; el Hércules así estaba en el pavimento de la pista el menor tiempo posible.
Estas camillas fueron de gran utilidad para el alojamiento, evacuación y traslado de los heridos de las Islas Malvinas. En mis charlas de todos los días con el continente, el edificio Cóndor, reclamaba que me devolvieran las camillas y los amigos médicos desde el continente me preguntaban al principio para que quería tantas camillas y les dije que era para evacuar heridos y si no me respondían positivamente los evacuaríamos haciendo la “sillita de oro”. Hoy siguen siendo tan útiles como hace 41 años.

La pista el 1° de mayo había sido parcialmente destruIda por las 21 bombas arrojadas por el Vulcan británico en su mitad longitudinal.
Nuestro personal de Construcciones de la FAA armaba una escenografía en la pista como si estuviera rota y llena de pozos lo que la hacía inoperable. Cuando un Hércules llegaba se limpiaba todo para el normal aterrizaje del C-130 y al irse éste nuevamente el show escenográfico. Después del 1° de mayo y ante la efectividad de nuestra artillería antiaérea, los Sea Harrier pasaban a gran altura fuera del alcance de la artillería y obtenían las fotos trucadas de la pista fuera de servicio. Cuando el día 14 de junio se enteraron que fueron engañados y la pista estaba operable les agarró una depresión tremenda.

EN LA FOTO EL MAYOR JUAN MARTIN (MÉDICO) Y FERNANDO ESPINIELLA (MÉDICO) EN EL HOSPITAL MILITAR CONJUNTO DE PUERTO ARGENTINO Y AL LADO UNA CAMILLA JUSINFA DESPLEGADA.
EL CONEJOS ALADO EN LA PARED, SIMBOLO DE LA SANIDAD DE LA FAA EN LAS ISLAS MALVINAS.
ESTA ROPA DEL UNIFORME DE CAMPAÑA NOS ACOMPAÑÓ LOS 73 DÍAS QUE ESTUVIMOS EN MALVINAS. EN FORMA INTERMITENTE NOS PODÍAMOS LAVAR LA ROPA INTERIOR (CUANDO NO CAIAN BOMBAS O PROYECTILES DE LA ARTILLERÍA NAVAL O TERRESTRE Y AL CAMBIARNOS LA MISMA, LA LAVADA TENÍA A VECES CRISTALES DE HIELO QUE SE DESHACÍAN CON NUESTRO CALOR CORPORAL. LA ROPA DE COMBATE TENIA MANCHAS DE SANGRE DE NUESTROS HÉROES HERIDOS O CAÍDOS EN CUMPLIMIENTO DE SU JURAMENTO DE DEFENDER LA PATRIA HASTA PERDER LA VIDA.
¡ DIOS LOS BENDIGA !